12 agosto, 2014

Al caer el sol

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 Nada más empezar a ver ‘Al caer el sol’ uno se encuentra con Paul Newman, que empuja sus gafas con el dedo índice hasta la punta de la nariz y mira por encima de ellas como quien repasa la última frontera de un escote. Ese gesto, mínimo, responde a dos razones, ambas inteligentes. La primera es enseñar los ojos de Newman que, como todo el mundo sabe, llevan el cine dentro. ¿Qué clase de guionista insensato los ocultaría tras unas gafas de sol? La segunda, más que una razón, es un alegato. Ahora que la mayor parte de las películas se dividen entre el ruido y el palique, el director, Robert Benton, parece querer decirnos: están ustedes ante una película de miradas. Gene Hackman, James Garner, Susan Sarandon o el propio Newman pasean su propio crepúsculo como si jugasen una timba de póquer entre viejas glorias. Todos callan más que hablan, y miran tan bien que antes de que salga el contraplano sabemos que va a ser menos interesante que verlos mirar a ellos.

 ‘Al caer el sol’ es tan pequeña, humilde y poco pretenciosa que no pontifica acerca del bien, el mal, la verdad y todas esas cosas que importan mucho, tal vez nada. Si tuviese uno de esos grandes temas de jazz que acompañan al protagonista con su voz en off y sus fundidos a negro, sería una película perfecta. Paul Newman, primero policía, luego detective privado y por último borracho, se ve involucrado en una de esas historias de pasados enterrados que se empeñan en volver y viejos amigos –como en ‘El largo adiós’– que no son lo que parecen. Entre chantajes, mentiras, lealtades traicionadas y perdedores, va arrastrando su melancolía por Los Ángeles. Al volver de la escena de un crimen le confiesa a Susan Sarandon que ha reconocido su perfume en el ambiente de la habitación. Ella, que interpreta a una mujer fatal tan silenciosa que casi consigue que salgan los títulos de crédito finales sin que sepamos que lo es, le replica: «Cientos de mujeres utilizan esa marca». Newman, capaz de decirlo todo con un silencio y tan jodido como Fred McMurray en ‘Perdición’, responde: «No huele como en ti».


                                                                                                            (Publicado en La Voz de Galicia)

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