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11 julio, 2011

El códice Da Vinci



 Acerca de... la sustracción del Códice Calixtino. La Catedral de Santiago ha sufrido, hace unos días, un robo tipo Ocean´s Eleven. Se han llevado un libro cuyo valor reside, más que lo que contiene, en el hecho de que es único y, claro, con lo que escasean hoy en día las cosas únicas en un mundo donde la tendencia es la copia y la clonación de todo, se ha montado la de dios. Este libro hablaba de los milagros del apóstol Santiago (cómo no), pero también de las obras que hace 800 años se realizaban en la ciudad o de los consejos más adecuados para los viajes de los peregrinos. Un libro turístico, vamos.

 He rodado varias veces en la Catedral de Santiago y puedo asegurar que las medidas de seguridad son, por decirlo de alguna manera, escasas. Que haya cámaras de seguridad en el claustro y en los pasillos pero no en la sala donde guardas el libro que es el colmo de lo litúrgico parece salido del robobo de la jojoya. Un fotógrafo que, hace años, hizo un facsímil del libro asegura que tuvo que ir buscando a alguien por las estancias para devolver la llave. Este hecho me suena a verdadero, las cosas allí funcionan así, aunque ahora con este hurto de categoría intenten aparentar lo contrario.
El hecho más notable de trabajar en la Catedral es la animadversión que existe entre el deán y el cabildo, dos personajes con amplios poderes inquisitoriales en lo que a permisos y demás menesteres se refiere. Son como Ferguson y Mourinho. Tú pides permiso para rodar en una de las capillas, el deán te dice que sí, por lo tanto el cabildo te dice que no, entonces vienen y te echan. Tras varias peripecias quejumbrosas te dejan rodar pero, cuando quieres rodar una misa, el cabildo te dice que sí, el deán que no y vuelta a empezar. Ser el testigo mudo de todo esto es como ver a dos perros peleándose por una vieja zapatilla.

 Me quito el sombrero ante el ladrón de reliquias. Ha conseguido algo inédito hasta ahora en los 800 años de historia de la Catedral: poner de acuerdo al deán y al cabildo en algo. Los dos han salido compungidos en la televisión ante un hecho dramático de este calibre, el robo de arte sacro. Por una vez, la vieja zapatilla estaba entre los dos y ninguno le hacía caso.

 El deán de la Catedral dice que es pecado (y qué no lo es) hacer juicios temerarios (algo que lleva haciendo la iglesia desde hace siglos) de momento. Pues bien, yo, que dicho sea de paso soy un gran amigo del deán, voy a hacer una serie de juicios temerarios acerca del paradero de ese incunable que han sustraído, con gran limpieza, de la cuna. La primera hipótesis, que ya circula hace días por facebook, es que la SGAE tenga algo que ver. No es descartable.
Puede que lo haya sustraído por encargo Steve Jobs, gran amante del libro viajero, para escanearlo y ofrecerlo como regalo a todos los usuarios del nuevo Ipad3. Es un profundo conocedor del gancho que poseen los textos Calixtinos como oferta de lanzamiento, además, como sabemos todos, ese lobby denominado cristiandad, es acérrimo usuario de Mac. Se dice por ahí que Eva mordió la manzana para crear el logo de macintosh.
Otra posibilidad es que lo hayan robado los malos oficiales de nuestro planeta: los chinos (los talibanes ya han pasado de moda). Todos sabemos lo enemigos que son los chinos de las cosas únicas, posiblemente el libro ya está en una fábrica clandestina de Bangla Desh, desde donde se inundarán las tiendas de chinos con millones de copias transgénicas para consternación del cabildo y el deán, que no saben chino.
Quien sabe, a lo mejor el libro sigue allí, sólo que le han puesto encima la capa de Harry Potter y nadie lo ve. Hay que tener en cuenta que la ceguera está muy arraigada en la Catedral de Santiago.

 De momento, nos han dicho que la policía científica está en ello, buscando un pelo o algo así, y que... ya veremos. Posiblemente han llamado a Gil Grissom de CSI Las Vegas, ese tipo que con unos neones de bolsillo que dan luz verde y unas gafas azules, siempre encuentra unas huellas dactilares aunque el ladrón no tenga dedos. Como toda América sabe, entre laboratorios cool de polis estudiadamente guapos y estudios de la escena del crimen donde siempre hay un derrape, en Las Vegas el criminal nunca queda impune. Se desconoce por qué los criminales siguen actuando en Las Vegas sabiendo que Grissom siempre los va a descubrir. Con esa eficacia, Las Vegas debería ser la ciudad con el índice de criminalidad más bajo del mundo, exactamente, cero.
Yo hubiese preferido que llamasen al Sean Connery de "El nombre de la rosa", ese policía del medievo, experto en hacer fintas con la cintura a los inquisidores de hoguera fácil y que leía los libros con gafas de culo de botella.

 Las últimas noticias apuntan a que la oficina de prensa de la Catedral se ha puesto en contacto con Tom Hanks y Amelie para ver si saben algo, pero estos, a su vez, han llamado a Deán Brown y está apagado o fuera de cobertura.

23 abril, 2011

Los ladrones de futuro



 Acerca de… Telefónica. El vídeo que hay encima de estas líneas contiene la escena de la noria del Prater de la película “El tercer hombre”, una de las más famosas de la historia del cine. Harry Lime, despiadado y traficante de todo lo traficable, da lecciones de moral a Holly Martins, escritor de novelurcias y ex-amigo.

 En la época en que se rodó, esta escena donde Orson Welles afirma que “no se puede pensar en términos de seres humanos” podía ser una lección acerca de la corrupción moral, hoy en día es una lección de economía. Vemos cómo el valor de los seres humanos desciende a medida que las cosas se ven desde una determinada altura. Desde esa altura, poco importan cien personas o mil, o un millón… que mas da, son puntitos, hormiguitas, no cuentan.
Esta secuencia, define el liberalismo económico que ahora conocemos como capitalismo del desastre, unos tipos desde sus atalayas en forma de rascacielos usan la economía y el dinero como armas de destrucción masiva, poco importan las consecuencias, lo suyo no es la responsabilidad… es la impunidad.

 Antiguamente, las multinacionales, empresas, corporaciones etc despedían a la gente cuando se reducían sus beneficios, echaban a sus empleados a la calle en pleno síndrome de abstinencia por la reducción del dineral que ganaban antes. Ahora, esto ya no es suficiente para los tipos voraces que hacen de la rapiña su oficio. En Telefónica, van a despedir al 20% de su plantilla después de obtener 10.000 millones de beneficio el año pasado, la codicia insaciable parece ser considerada una de las bellas artes.

 Por supuesto, no hay nadie que meta en cintura a los poderosos y les diga “No lo queráis todo”. Da la sensación de que la economía tiene como principal objetivo robarnos el futuro. Nos dejamos llevar por la rutina diaria, damos las cosas por hechas, tendemos a que sean los demás los que solucionen los problemas y asumimos como normal que todo se desangre para, a continuación, pagar nosotros los problemas que han creado otros. Nos roban el futuro en la medida que dejamos que nos expolien nuestro presente. La gente normal es la que no tiene futuro, los eufemísticamente pudientes, en cambio, tienen un futuro cojonudo, el problema es que “los otros” no tienen cabida en ese futuro, y si la tienen es como esclavos.

 Para la economía actual –esa de la que nos dijeron hace un par de años que le iban a poner correa y que ahora se ríe de nosotros abiertamente- las personas se han convertido en puntitos aplastados por el pulgar que se encarga de las garrapatas.

 A continuación, Telefónica nos bombardeará con publicidad del tipo “Creemos en ti”, “Estamos contigo” o “Qué guays son los autónomos”. Y el bochorno y la desfachatez, simplemente continuarán.

12 abril, 2011

Sidney Lumet




  Acerca de… la muerte de Sidney Lumet. Era director de cine, algo raro hoy en día. De los últimos que pensaban que las personas que se sientan a ver una película pueden ser bestias inteligentes. Nunca fue complaciente con la industria ni con los mercaderes y siempre que se topaba de frente con la esclavitud de las modas, escogía el camino contrario. Lo suyo no era ser servicial y pagó su precio por ello, para mucha gente seguramente es un desconocido.

 El oropel californiano no le conquistó, desarrolló casi toda su discreta carrera en Nueva York. Hizo películas sobre la corrupción, sobre los recovecos oscuros de la gente y sobre el acorralamiento al que se ven sometidas algunas personas por el sistema. Muchas de sus historias tratan de personajes idealistas intentando sobrevivir en un mundo despiadado.

 Por lo que parece, no pretendió ser un artista narrando con mayúsculas, sólo quiso ser un cineasta directo, eficaz, con películas mejores y peores, a veces disparando con fogueo pero, eso sí, cuando cargaba munición, pocos han tenido mejor puntería.

“Network” continúa siendo una de las críticas más feroces que se han hecho sobre el mundo televisivo. Un relámpago. Lumet y su guionista, Paddy Chayefsky, ejercieron de adivinos para profetizar cómo sería la televisión del futuro, repleta de chacales con el alma en la oficina de empréstitos. El que quiera comprobar si acertaron, sólo debe encender su televisor.
Cómo era ese “prestamista” superviviente del holocausto que ha perdido la confianza en la raza humana, o “Serpico”, ese policía atrincherado por sus propios compañeros. Muchas de sus grandes películas comienzan con ganadores que pierden, cuando sale el letrero de fin, se han convertido en perdedores que comienzan a ganar.

 En el último plano de “Veredicto Final”, Paul Newman se queda mirando mientras su teléfono suena y suena… y no lo coge. Puede que así haya sido la carrera de Lumet, quizá nunca contestó las llamadas que no quería coger.