28 abril, 2013

Half the perfect world



 Un viejo chiste de Woody Allen: “Hice un curso sobre lectura rápida y leí «Guerra y Paz» en veinte minutos. Trata de Rusia”. Viendo el porcentaje de aciertos y la forma de proceder de economistas y políticos, grandes pronosticadores del pasado, solo queda dar la razón al señor Allen. Todos han rebasado el nivel máximo tolerable de estupidez. Mientras en Europa utilizan un extraño torniquete (cuanto más aprietan, más aumenta la hemorragia), aquí se interpreta la economía y se toman medidas con la fiabilidad del que lee las entrañas de una cabra.

 No hay duda de que nuestros gobernantes son grandes aficionados al western. Por eso, como en el antiguo oeste, la clase política está repleta de falsos predicadores y vendedores de crecepelo. Unos virtuosos del endecasílabo que, a menudo, convierten en una psicofonía imposible de entender. Cómo olvidar a Cospedal y su trampantojo de despido diferido, simulado y cualquier otro adjetivo que se os ocurra…

 Los resultados de la Encuesta de Población Activa del pasado jueves son un manojo de datos espeluznantes. Cada vez más, nuestro país se parece a una patada de ahogado. Las personas no encajan en los casilleros de la sociedad. La gente sobra. Hasta nuestro mejor disfraz, el fútbol, ha torcido la cara.

 Que nadie me haga mucho caso. Son solo ganas de incordiar.

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